Tres años de avanzar y retroceder en Centroamérica

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Escrito por Enrique Naveda, Plaza Publica 17 Octubre, 2011

ENTREVISTA

Miguel Gutiérrez Saxe desgrana y explica en esta entrevista algunos de los principales hallazgos del informe Estado de la Región que está presentando desde la semana pasada por toda Centroamérica.

El informe Estado de la Región 2008-2011 encierra varias paradojas.

Por un lado, que cuando la economía global vivía tiempos boyantes, el centroamericano promedio salió perdiendo, y ahora que el mundo y la economía regional han transitado durante un trienio por una crisis devastadora que ha incrementado la pobreza, su capacidad adquisitiva, según el director del informe, ha tenido alivios.

Por otro, que la región va camino de convertirse en una región de estados excluyentes y degradados, incapaces de responder a sus funciones más básicas y de integrar a la población por la vía del mercado o de las políticas públicas. Y que, dadas las circunstancias políticas, económicas y sociales, las esperanzas de la región para salir de ese hoy dependan de gravísimas amenazas e imposiciones externas, se presentan  como  a un acuerdo que la saque de ese hoyo.

Es posible que sólo el crimen organizado, los riesgos del cambio climático, la galopante degradación ambiental, y una cooperación internacional condicionada puedan intimidar a los actores locales tanto como para que  se decidan a hacer lo único que, según el informe, puede revertir la situación, cambiar el rumbo, lo que llevan décadas ensayando en broma: un acuerdo político de verdad, serio, duradero.

¿Por qué buscar razones de optimismo en las amenazas?, medita Miguel Gutiérrez Saxe, el director del informe, nuestro entrevistado. Porque cuando se plantea la necesidad de un acuerdo político es obvio que no se dan las cuatro condiciones básicas: una ciudadanía que lo pida, unos políticos que lo quieran, un Estado que pueda impulsarlo, y unos poderes fácticos que no lo veten.

“Ahí están las entrevistas que hicimos”, dice Gutiérrez Saxe. “La tónica general en estos países fue: es muy importante la salud, la educación, los elementos más básicos, sí, pero no estamos dispuestos a dar un centavo más. Desconfiamos del Estado”.

Y por último, una paradoja más: que pese a todo ello hubiera ciertos avances sociales importantes en todos los países.

Porque esta década, aseguran los investigadores del informe, no ha sido una década perdida. La esperanza de vida superó en todos los países el umbral de los 70 años, se incrementó la cobertura educativa en preescolar, primaria y secundaria, y se fortaleció el mercado interno, que funcionó como un pequeño salvavidas durante la crisis.

Pero también ha habido, según el informe, retrocesos.

En los últimos tres años la región se ha convertido en el territorio más violento del continente y en una de las zonas más peligrosas del planeta: la tasa de homicidios de la región llegó a 40 por cada cien mil habitantes. Los ejércitos patrullan en las calles regularmente y pretenden cumplir unas funciones de seguridad interna que tras la caída de los regímenes dictatoriales había quedado reservada para las policías civiles.

En economía, exceptuando a Guatemala y Panamá, todos los países se contrajeron en 2009. La economía regional menguó un 0.5 por ciento entre 2008 y 2010, en lo que quedará registrado, según el informe, como la primera vez que paró de crecer en veinte años.

Se incrementaron la pobreza y el desempleo, y  también el número de personas que ni estudian ni trabajan: “el tema de los ni-ni”, dice el director del informe, “esto es un caldo de cultivo. El escaso acceso a oportunidades tiende a generar comportamientos violentos o acceso a las maras.”

Y creció, también, la vulnerabilidad ambiental: pasamos de superávit a tener una deuda ecológica del diez por ciento en promedio en cada país, señala Gutiérrez.

Pero sobre todo, hubo retrocesos políticos. Graves. “La democracia no es sólo un procedimiento. La democracia es también un asunto de resultados, instituciones, convivencia. La gente espera resultados”, subraya Gutiérrez Saxe.

Durante este periodo se terminó por perder una ilusión añeja, una fe que data de las transiciones democráticas o incluso de antes: que la democracia electoral conllevaría la democratización del Estado y del poder. Esa aspiración quedó hecha añicos, y el último trienio vio, dice el informe, involuciones democráticas en Honduras y Nicaragua, y crisis políticas pasajeras pero profundas en Guatemala y en El Salvador.

“Lo más grave es la erosión del régimen político”, dice, punzante.

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